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Planeta C

Planeta C

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Hace ya tres milenio se puso de moda cruzar humanos con un sin fin de especies de la tierra, con ello cada uno de los individuos quería diferenciarse del resto, teniendo partes de diferentes animales sobre una base humana.

Pasado un tiempo esto dejó de estar de moda cuando una generación después las mutaciones y variantes evolutivas de los pocos que pudieron compatibilizar el sexo resultaron ser una de las mayores aberraciones de la humanidad.

Estos parias en alto porcentaje agresivos y depredadores fueron perseguidos y expulsados por fin del sistema solar y sus alrededores poniendo rumbo al planeta c, donde ya no se supo nada más de ellos.

Lo salvaje de su linaje además debía combinarse con la inteligencia y conocimientos humanos que se vio patente en diferentes avistamientos, sobre todo, de registros de inteligencias artificiales de naves y otros dispositivos encontrados, ya que nunca hubo supervivientes en esos encuentros fortuitos, salvo uno.

Un loco con el que tuve el placer de hablar durante el tiempo justo de su lucidez para que me dijera la verdad, para que diera el valor de ir allí y no dejar que cayera en el olvido. Un loco atado a una silla en un asilo que acudió a mí para contar su historia y probar la llegada de una nueva especie un nuevo enemigo que llevaba un milenio guardando rencor a los humanos por expulsarlos y degradarlos.

Yo era un periodista de sucesos un tanto excéntrico, me gustaban todo tipo de historias macabras y sin duda rescatar esta de los archivos y probar la existencia de estos seres era algo que me llamaba sin cesar desde que este anciano con el cuerpo marcado por todo tipo de cicatrices me pusiera tras los pasos de la historia.

Como no podía ser de otra manera mi fiel equipo estaba también entusiasmado. En esta ocasión reuní un equipo multidisciplinario para la tarea. Un historiador, un filólogo, un arqueólogo, varios reporteros más que me ayudaban con las tareas de prensa, un equipo de filmación y un equipo de seguridad que nos transportaría en una nave comercial que nos habían cedido los jefes del medio para el que trabajaba.

De modo que una vez estuvieron todos al corriente y que se hicieran los preparativos necesarios nos embarcamos en la nave y nos dirigimos al planeta C. Este planeta estaba muy alejado del sistema solar, en los confines de los limites del universo conocido, más allá de los dominios de la civilización conocida, nos tomaría algún tiempo en llegar pero merecía la pena y en el viaje podíamos afianzar nuestra investigación.

Por fin salimos de los confines del universo conocido y pusimos rumbo al sistema de estos parias, el planeta C estaba a nuestro alcance. Allí no había ninguna ruta comercial pero sí que había restos de un sin fin de naves destrozadas por aquí y por allá, esto no les gusto al equipo de seguridad, ya que no portábamos armas en la nave, pero aun así seguimos adelante. Una vez en órbita y cuando todo estaba preparado pudimos descender en la lanzadera principal.

El descenso fue rápido, hacia unas tierras muy ricas en vegetación, extraña vegetación de árboles gigantescos y plantas enormes. Una vez en el suelo nos dimos cuenta de que la gravedad aquí era más ligera, media G, y que la atmósfera era perfecta para la vida humana, de modo que nuestros temores se hicieron más patentes, lo que allí encontraríamos sería enorme, esta nueva especie después de varias generaciones no solo serian abominaciones sino que serían gigantescas abominaciones de cruces ya no solo de animales de la tierra, sino de animales autóctonos de este planeta. Esto no gustó entre el equipo, ya que seriamos como insectos y por supuesto a mi tampoco me dio buena espina.

Todos nos pusimos a trabajar en nuestro campo e incluso en un plan de contención y huida, ya que no sabíamos si las armas que llevábamos podían ser eficaces contra lo que allí pudiéramos encontrar.

Todos comenzaron a investigar y explorar los alrededores, encontrando una gran variedad de pequeña fauna y gran flora. Todos estaban entusiasmados ya que esto era una recopilación de datos de los que no se tenía constancia en los registros de ninguna enciclopedia, ni humana ni universal.

Nos adentramos en el gran bosque de troncos que parecían grandes rascacielos, en el que la oscuridad se hacía patente, cuando de repente la tierra empezó a temblar, parecían unos gigantescos pasos, que cada vez se aceleraban más y más. Cuando estaban cerca de nosotros no tuvimos más remedio que apretarnos y escondernos detrás de los grandes árboles, sin quitar ojo de la procedencia del sonido vi una de las cosas más asombrosas que podía ver, vi como la naturaleza que había en la tierra se reproducía aquí a gran escala, se trataba de lo que parecía un animal de cuatro patas corriendo, huyendo de algún depredador, el animal era peludo, tenía unos grandes ojos en la parte frontal y lo que parecían un par más en los laterales de lo que era su cabeza, que se asemejaba  lo que podría ser un jabalí, por los gigantes cuernos que de su boca salen por ambos laterales, la estructura de la cabeza era fina y se ensanchaba de sobremanera en la parte del pecho, con unas grandes y poderosas patas delanteras y una pequeñas patas traseras muy desproporcionadas, semejantes a las hienas conocidas en la tierra.

Buscaba parecidos, ya que la criatura era diferente a lo que había visto anteriormente pero no dejaba de ser un cuadrúpedo, parecido a un mamífero que corría huyendo de algo. Cuando de repente, algo salió de un claro del bosque cerca de algunos de mis compañeros y engulló parte de todo el terreno, engulló al gran animal y a dos de mis compañeros, plantas de alrededor y todo lo que allí estaba quedó como una especie de cráter, que más tarde quedo como desechos cuando un tremenda succión echo plantas y arena al exterior de la apertura. Debió de ser un predador, algún tipo de gusano succionador que engulló a su presa de un solo bocado y que erutó para echar los restos de lo que quedaba. A su vez se tragó a mis compañeros, como si de hormigas se tratara.

No podía creerme lo que estaba viendo, había sido testigo de la muerte de dos de mis compañeros pero a la vez asistí a un espectáculo de la naturaleza difícil de olvidar. Atónito salí un poco de mis escondite cuando lo vi. Cuando volví a ver algo, una especie de humanoide que se paró delante del agujero, un humanoide casi tan grande como el animal, Algo que era difícil de describir para mi, tenia lo que parecía una cabeza humana, con varios ojos en forma de lagarto, tenía cuatro brazos, dos brazos que parecían humanos solo que recubiertos de escamas, y otros dos brazos que parecían tentáculos, su cuerpo era de piel gruesa, como la de un elefante pero presentaba un pecho similar al de un león, y sus cuartos traseros, parecían sacados de un cuadro de la edad media, unas patas que eran mezcla entre pezuñas de cabra pero tan fuertes como las de un león. Sin duda era una de las criaturas de la nueva generación de seres vivos, los más recientes del universo conocido, parecía joven, aunque su boca con grandes colmillo y sus ojos se posaron en mí con el rencor de los parias, sus antiguos ancestros. Me quedé paralizado y pensé que eran las últimos instante de mi vida, el resto del equipo se quedó igualmente petrificado, nos tenía a todos localizados y nadie queramos dar un solo paso.

De repente un ruido quebró las ramas, algo hizo que la tierra temblara el doble que antes y sentimos que un animal el doble de grande se aproximaba. El ser nos miró fijamente, y después miró en la dirección de donde venían los ruidos y no lo dudo un solo momento, echó a correr y se perdió entres los gigantes árboles del bosque.

Por nuestra parte no esperamos a ver qué animal era, corrimos todo lo que pudimos para salvar nuestra vidas de aquel peligroso planeta lleno de animales gigantescos y rencor acumulado. Nos subimos al lanzadera dejando allí la mitad del equipo, solo pensábamos en salvar las vidas humanas que quedaban, de modo que allí dejamos nuestros apratajes. Cuando la lanzadera tomó rumbo a la nave comercial el doble que la lanzadera paso por nuestro lado casi impactando con ella, seguida de miles más como ella, aun no sé cómo pudimos salir de esa bandada de aves gigantes pero lo que si se es que huían de algo, cuando pudimos mirar al horizonte antes de salir de la atmósfera del planeta vimos una tormenta gigante avanzar rápidamente, pero aún a día de hoy no creo que ni el ser, ni el animal, super gigante, ni las aves huyeran de la tormenta, estoy seguro que en ese planeta hay algo más, algo que ha hecho que estos seres evoluciones y se conviertan en super animales, supervivientes de un planeta tan hostil que les ha hecho implacables.

A día de hoy sin haberme retirado aún, las dudas me asaltan un día tras otro, no quiero pensar si quiera el día en que la humanidad se tenga que enfrentar a esos parias que expulsamos, a esos desterrados que consiguieron hacerse un hueco en un planeta plagado de amenazas y lo que es peor, en el momento que puedan dejarlo para atacar, será un planeta lleno de amenazas que consiguieron dominar.

Carlos Lorite


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