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Sonidos del Pasado

Sonidos del Pasado

Sonidos del Pasado

Una música antigua sonaba en un tocadiscos, un artículo antiquísimo sacado directamente de un museo terrestre. El disco era redondo de un tamaño grande y de color negro, una tecnología basada en la inclusión de música en un surco que recorría una aguja y que de ahí un amplificador y un altavoz daba sonido a toda la tecnología.

En el centro había un extraño ángel con iluminación extraña, debía ser lo que los antiguos humanos llamaban caballeros y que estaban dentro de su historia medieval. Al otro lado había una cruz con un círculo y un título que ponía Black Sabbath. Sonaba una canción llamada Fairy wear boots, una música de contenidos grabes y una letra particular que con voz nasal el cantante iba recitando a medida que la música tomaba subidas y bajadas e iba atrapandote.

-¿Te gusta este artilugio? -dijo Hendrix-, un anciano con una gafas de aumento y unos harapos a modo de túnicas, que se situaba cerca del aparato.

-¿Una música un tanto peculiar, no cree? -Dijo Juno-, un hombre vestido de forma muy pulcra y elegante, que observaba la tecnología con un brazo a la espalda y la mano del otro brazo tocándose la barbilla, sin parar de pensar.

Rodeaba la estancia en busca de más artilugios que pudieran interesarle. Juno se giró sobre unas estanterías que contenían un sin fin de discos negros que podían intercambiarse en la tecnología del pasado que seguía dando música. Cogió uno al azar y pudo ver una portada peculiar, una antigua aeronave terrícola en llamas y unas letras en la que se podía leer Led Zeppelin. Siguió mirando entre el resto de lo que Hendrix mencionó como vinilos y encontró singulares tapas de grupos que parecían haber pasado a la historia en algún momento de la humanidad, quizá cuando el inevitable viaje de sus vidas puso rumbo a las estrellas. Extrajo otro de esos disco y pudo ver otra portada que sin duda llamó su atención, parecía un cuadro antiguo, un cuadro de un bosque que mostraba al final una luz, la luz de un atardecer, el simbolismo de la luz al final de la oscuridad, se quedó mirando inevitablemente esa portada, en la que una letras góticas en la parte inferior definían el nombre de la banda, Anathema.

-¿Te gustan las obras de arte? -Preguntó Hendrix-. Sacando a Juno de su letargo.

-Sin duda eso quedaría mejor en las paredes de mi hotel espacial, ya sabes lo selecta que es mi clientela, -dijo Juno sin poder quitarle ojo al disco y al aparato de la música-. Una música que se quedó en su mente mientras avanzaban en una nave abarrotada de antigüedades.

-Te enseñaré mis dependencias especiales, -dijo Hendrix mientras pasaba por una estancia con dos guardaespaldas que no le quitaban ojo a Juno-.

-Relajaos chicos y escuchad esta obra maestra. El anciano Hendrix al ver que el disco había terminado habló en voz alta a la nave.

-Por favor Minerva, ¿puedes poner nuestro grupo favorito Dead can dance?

-Desde luego Hendrix. -Respondió la nave-.

Juno se quedo extrañado ante tal titulo pero empezo a sonar la voz de una mujer que vestía toda una canción con su simple voz, una música minimalista que te hacía sentir como si te encontraras en un camino mágico e iniciático. Algo que Hendrix había hecho premeditadamente.

-Esta música te ayudará a contemplar las obras de arte que a continuación voy a enseñarte.

Hendrix abrió una esclusa que dio lugar a una especie de almacén donde se hallaban un sin fin de cuadros de todo tipo y tamaño. Juno entro y asombrado empezó a mirar las paredes deteniéndose en los cuadros que más le asombraban. Al principio pudo ver un retablo donde lo absurdo y lo oscuro daba paso a figuras de lo más extrañas, un cuadro que le inquietó profundamente y que en un pequeño papelito al lado de la obra se describía como El jardín de las delicias, de El bosco.

Después de salir del embrujo de esa pintura se dirigió a otro lienzo que le llamó profundamente la atención, un gran cuadro no muy lejos de este primero en el que un gigante se comia a una persona a las faldas de una montaña, un cuadro de un tal Goya cuyo título era Saturno devorando a su hijo. Este cuadro que dejó  Juno muy consternado de tal forma que se pasó un importe lapso de tiempo mirándolo con la música de fondo del tal grupo Dead can dance.

Justo a la izquierda este los cuadros de este oscuro pintor se sucedían en una gran hilera. Juno siguió hasta detenerse en uno que tenia un titulo muy especial, algo que casi ni entendía, Aquelarre de brujas, con el que se quedó muy hipnotizado mientras preguntaba.

-¿Que es un aquelarre? -dijo Juno sin dejar de mirar el cuadro.

– Un aquelarre es un antiguo concepto que se dio sobre todo en la época que los humanos llamaron la edad media y era una reunión de brujas para convocar al mismísimo diablo, al mal en forma de carnero.

-Interesante. -Finalizado Juno sin dejar de mirarlo-.

Este prosiguió por la galería cuando llevaba ya un buen rato absorto en los cuadros de los enigmáticos pintores llegó a un pintor cuya pintura le llamó profundamente su atención, un pintor que usaba conceptos de forma completamente diferentes, y las composiciones de los lienzos eran casi mágicas. Pudo ver como en un paisaje desértico unos relojes se torcian entre ramas y elementos que se supone no debía estar ahí, y ni siquiera deberían existir y aun así su belleza y atracción eran indiscutible.

-¿Le han gustado mis cuadros? -Dijo Hendrix con una sonrisa-.

-Desde luego Hendrix, esto si que me interesa,

-Quizás quiera ver una última pieza, es única, rescatada del último museo en pie de la tierra ha estado vagando durante 4000 años por todo el sistema solar hasta llegar a las manos de mis socios, los cuales me la vendieron a precio de ganga, sin saber que tenían entre manos. -dijo Hendrix riendose-. Por favor ven conmigo.

Juno siguió al anciano Hendrix hasta el fondo de la estancia donde se amontonaban ya un sin fin de cuadros. Retiro un gran retablo que cubría toda una esclusa, un cuadro curioso que mostraba una especie de mujeres de epoca, llamado Las meninas de un tal Velazquez.

Abrio la esclusa y ambos entraron en una estancia muy aséptica, una estancia que no se parecía en nada al resto de la nave, llena de cosas antiguas de todo tipo. Allí se encontraba, la escultura más grande que Juno había visto, Hendrix le hizo una reverencia y con el brazo derecho le invito a pasar para admirar la obra. Una obra que sin duda le dejó petrificado. Un hombre desnudo esculpido en un bloque de mármol, con una pose muy característica. La escultura era sin duda una obra maestra, era algo que te hacía vibrar sobre todo con la música de este característico grupo que no había cesado y que parece amplificarse para exaltar los sentidos de Juno. Una escultura que contenía hasta el más mínimo detalle, las venas en la manos, los ojos y la boca que rozaban la perfección así como una exquisita terminación que parecía que le daba vida al frio marmol.

Finalmente y después de un rato en que Juno no pudo reaccionar ante tal magnitud de escultura Hendrix habló desde su empleada.

-Te presento el David de Miguel Angel. Seguro que tus selectos clientes sabrán apreciar una obra de estas características.

Carlos Lorite


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